te miro a lo lejos
y no te reconozco
tan impávido, tan quieto,
tan indiferente,
te has convertido
en una extensión del cielo
-ya no bajo mis pies
sino siempre sobre mi cabeza-
eso sí, siempre oscuro,
siempre entero,
impertérrito,
tan lleno de belleza
No hay comentarios:
Publicar un comentario