estoy a punto de terminar la primera parte de este libro (o la versión que "se deja leer en la forma corriente"), que he leído por recomendación inconsciente o indirecta de un amigo, y se me hace raro leer las reflexiones de hoy, cuando ya estoy en el mañana:
Pero ella no estaría ahora en el puente. Su fina cara de translúcida piel se asomaría a viejos portales en el ghetto del Marais, quizá estuviera charlando con una vendedora de papas fritas o comiendo una salchicha caliente en el boulevard de Sebástopol. De todas maneras la Maga no estaba. Ahora la Maga no estaba en mi camino, y aunque conocíamos nuestros domicilios, cada hueco de nuestras dos habitaciones de falsos estudiantes en París, cada tarjeta postal abriendo una ventanita Braque o Ghirlandaio o Max Ernst contra las molduras baratas y los papeles chillones, aun así no nos buscaríamos en nuestras casas. Preferíamos encontrarnos en el puente, en la terraza de un café, en un cine-club o agachados junto a un gato en cualquier patio del barrio latino. Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos.
Julio Cortázar, Rayuela
como cuando tras la tarde de compras se te pone cara de producto
o tras una mañana en la biblioteca se te pone cara de libro
o cuando pasas toda la noche frente al ordenador te brilla en los ojos la pantalla
con la mirada fija en un punto
[de encuentro]
je marche au-jour-d'hui
pour rencontrer
le demain
3 comentarios:
Y lo que me reí en el cap. 23.
Tienes razón, tengo que releerlo de nuevo...
(la pili es marvellous ) :)))
uy, berthe trépat???
a mí me puso nerviosísima!!!
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